sábado, 20 de agosto de 2011

Inspiración música


Parece que actualmente, hablando en sentido coloquial y no enciclopédico, se entiende que una musa es la mujer a quien un poeta ama y en quien se inspira para componer sus poemas de amor. Es probable que esta idea romántica venga, precisamente, del romanticismo, en especial de poetas como Manuel Acuña quien tenía a Rosario por musa de su inspiración. Si nos volvemos al sentido enciclopédico, efectivamente la musa es la inspiración del artista o el ingenio propio y particular de cada poeta. Este último sentido viene, por supuesto, de la tradición griega clásica y latina de poetas como Homero, Hesíodo y Virgilio quienes invocaban a las musas para ser inspirados por ellas. Como sabemos, las musas eran ninfas hijas de Zeus y Mnemósine (la memoria). Información detallada sobre las musas aquí.
            De acuerdo con lo que Platón refiere en El Fedro, a través del personaje de Sócrates, la inspiración de las musas era uno de cuatro tipos de delirio (μανία) al que los hombres pueden acceder: El delirio inspirado por los dioses, el inspirado por las epidemias y azotes en castigo por un crimen cometido por algún pueblo, el inspirado por las musas y, finalmente, el que inspiran las bellezas del mundo haciendo que el alma recuerde la belleza verdadera, siendo este último el tópico central de su diálogo. De esta manera, el hombre apasionado por la belleza recibe el nombre de amante, el cual “no quiere separarse de la persona que ama porque nada le es más precioso que este objeto tan bello”.
            Retornando a la inspiración provocada por las musas, Sócrates expone:

Hay una tercera clase de delirio y de posesión, que es la inspirada por las Musas; cuando se apodera de un alma inocente y virgen aún, la transporta y le inspira odas y otros poemas que sirven para la enseñanza de las generaciones nuevas, celebrando las proezas de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por este delirio que viene de las musas, o que crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, estará muy distante de la perfección; y la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino.

            El mismo Sócrates, en este diálogo, es inspirado por las musas e incluso otras divinidades. Él mismo invoca a las musas, previo a la exposición de su primer discurso sobre el amor, después de que Fedro ha leído el de Lisias sobre el mismo tema:

Venid, musas ligias, nombre que debéis a la dulzura de vuestros cantos, o a la pasión de los ligienses por vuestras divinas; yo os invoco, sostened mi debilidad en este discurso, que me arranca mi buen amigo, sin duda, para añadir un nuevo título, después de muchos otros, a la gloria de su querido Lisias.

            A lo largo del primer discurso de Sócrates son varias las referencias que existen sobre esta inspiración. A medio discurso Sócrates pregunta:

Y bien, mi querido Fedro ¿no te parece, como a mí, que estoy inspirado por alguna divinidad?

A lo que Fedro responde:

En efecto Sócrates, las palabras corren con una afluencia inusitada.

Antes de retomar su discurso Sócrates dice a Fedro:

Silencio, y escúchame, porque en verdad este lugar tiene algo de divino, y si en el curso de mi exposición las ninfas de estas riberas me inspirasen algunos rasgos entusiastas, no te sorprendas. Ya me considero poco distante del ditirambo.
Pero escucha el resto de mi discurso, porque la inspiración podría abandonarme. En todo caso, esto corresponde al dios que me posee…

Definitivamente, el sentido romántico de la concepción de la inspiración de los poetas ha fusionado el delirio provocado por las musas con aquel que provoca la belleza del ser amado.

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