sábado, 13 de agosto de 2011

Notas sobre la adquisición de la fonología española

Recientemente conviví varios días con mi familia en la playa, especialmente con mi sobrina, una niña de cuatro años que aún está aprendiendo a hablar y, como alguna vez dijo la maestra Dorita Pellicer, es difícil quitarse las “antenitas” de lingüista aún estando de vacaciones. Esta convivencia me hizo recordar mucho mis clases sobre adquisición del lenguaje, pues al final me parece haber descubierto (digo me parece porque la adquisición nunca ha sido mi fuerte y pues no se trata de un estudio longitudinal) el estado en el que se encuentra su sistema consonántico. Como bien indica la teoría, los niños comienzan la adquisición con un inventario fonológico que puede mostrar alguna influencia de la lengua nativa y a pesar de este sistema temprano, el vocabulario productivo del niño permanece limitado y varía de niño a niño. Algunos investigadores niegan la organización fonológica durante la adquisición de las primeras palabras, sin embargo muchos otros acuerdan en que los datos del período de las oraciones simples sí muestran esta organización. Acuerdo con esto último.
Lo importante aquí es el tema de la relación entre la competencia y la performancia de los niños, que se traduce en la adquisición como la cuestión de los niveles de representación. A grandes rasgos se pueden argumentar dos posturas. Una es, que solamente existen dos niveles de representación, es decir, que existe una organización perceptiva del niño sobre la lengua del adulto (input) y una representación fonética del niño (output), y que hay una serie de procesos del paso de uno a otro nivel. Esta postura arguye que la percepción del infante es esencialmente como la del adulto al comienzo de la adquisición por lo que existe una discrepancia considerable entre la competencia del niño y su performancia. La otra postura es que hay un nivel intermedio, al que se han referido como el nivel organizativo, donde el niño tiene una organización subyacente relacionada, aunque en distinta forma, a la representación perceptiva de las palabras del adulto. El mapeo del nivel organizativo al fonético está relativamente cercano, así que en esta visión la performancia del niño se considera mucho más cercana a su competencia (Ingram 1989: 384-5).
Yo concuerdo con la primera postura, y es que, como argumenta Bloom, los niños aprenden claramente a pronunciar con corrección las palabras comparando las que producen ellos mismos con las de los adultos que los rodean. (Alcaraz et al. 1998: 26). Para mí, el caso de mi sobrina es curioso, pues aunque sí se encuentran elementos que se señalan en la teoría, hay otros que no había escuchado antes. Por ejemplo, Minerva Oropeza, en su estudio sobre adquisición de la fonología del español como lengua materna, observa que la adquisición de /r/ y /R/ entre vocales implica su sustitución por [l] y [d], sucesivamente hasta alcanzar su plena emisión. En posición final de sílaba en interior de palabra (ante consonante) y en posición final de palabra, sólo se sustituye por [l], tras un período en que se suprime por completo. En este grupo consonántico intrasilábico, es decir, en inicio complejo de sílaba, tras un prolongado período de elisión se sustituye, primero por [y] y luego por [l], para finalmente ser realizada como /r/ o /R/ según el caso (Oropeza 2001: 131).
Mi sobrina aún no pronuncia la vibrante múltiple. Con respecto a los grupos consonánticos de oclusiva más vibrante simple, elide esta vibrante aunque hay ciertas palabras en las que sí la pronuncia, como en [letRa], pero son mínimas. Pero eso no es lo que me llamó tanto la atención sino otras cuestiones. La primera, no puede pronunciar la oclusiva alveolar sonora /d/. A principio de palabra la sustituye por una lateral /l/ y al interior de la palabra, en posición de ataque silábico, por una nasal alveolar /n/ cuando es precedida por otra igual, es decir, que se asimila regresivamente; el ejemplo más significativo es la palabra /donde/ que pronuncia [lonne]. En el primer caso, al parecer, es un “cambio de valor” (Arellanes 2006: 32), esto es, que el rasgo [+oclusivo] se convierte en [-oclusivo] conservando el punto de articulación (alveolar) y el estado glótico (sonoro). En el segundo caso la oclusiva alveolar sonora asimila el rasgo [+nasal] en detrimento del [+oclusivo].
Realmente lo que más me ha llamado la atención es que no pronuncia, en ningún contexto, las consonantes velares /k/, /g/ y /x/ y las sustituye sin distinción por una oclusiva alveolar sorda [t], lo cual concuerda, como dice la teoría, con que esta última es menos marcada que las otras tres. Así, cuando su abuela le dijo: “No hagas eso porque si no tu tía no te lo va a comprar” su respuesta fue: [si me lo tompa].
En conclusión, estoy convencido de que su sistema consonántico simplificado sólo se encuentra en el output puesto que cuando yo le hablaba con estos procesos de manera sistemática ella no era capaz de comprender del todo lo que le estaba diciendo a menos que le hablara normalmente.

Referencias
Alcaraz Romero, Víctor Manuel y Regina Martínez Casas (1998) “La fonología de las primeras palabras del español de la ciudad de México: una relectura a lo propuesto por Roman Jakobson” en: FUNCIÓN 18, Departamento de Estudios en Lenguas Indígenas, Universidad de Guadalajara, pp. 21-34.

Arellanes, Francisco (2006) Disimilación de consonantes laterales en latín y su evolución en dos lenguas romances, México, INAH.

Ingram, D. (1989) First Language Acquisition: Method, Description and Explanation, New York, Cambridge University Press.

Oropeza Escobar, Minerva (2001) “Relaciones secuenciales y procesos fonológicos en la adquisición del español como lengua materna” en: Cecilia Rojas Nieto y María de Lourdes de León Pasquel (coord.), La adquisición de la lengua materna: español, lenguas mayas, euskera, Instituto de Investigaciones Filológicas-Universidad Nacional Autónoma de México-Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México.

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