sábado, 24 de septiembre de 2011

Sobre el estudio de la filosofía (1953). Por Karl Jaspers

En el filosofar se trata de lo incondicional, verdadero y propio que se hace presente en la vida real. Todo hombre en cuanto hombre filosofa. Pero intelectualmente y con coherencia es importante adueñarse de la esencia de la filosofía rápidamente. El pensamiento filosófico sistemático requiere un verdadero estudio. Este estudio encierra en sí tres caminos.
     Primero, el tomar parte de la investigación científica. Ésta tiene sus dos raíces en la ciencia natural y en la filología y se ramifica en una casi inabarcable multitud de especialidades científicas. La experiencia de las ciencias, de sus métodos y de su pensar crítico hace adquirir una actitud científica que es supuesto indispensable de la veracidad en el filosofar.
     Segundo, el estudio de grandes filósofos. No se llega a la filosofía sino por el camino de su historia. Este camino es para el individuo un trepar, digámoslo así, por el tronco de grandes obras originales. Pero este trepar sólo tiene éxito cuando parte del impulso original de un interés actual, cuando parte del propio filosofar que se despierta en el estudio.
     Tercero, el vivir a conciencia diariamente, la seriedad de las resoluciones decisivas y la responsabilidad de lo hecho y experimentado.
     Quien omite uno de los tres caminos no llega a un claro y verdadero filosofar. Por eso es la cuestión para cada cual, principalmente para cada joven, la forma determinada en que recorrerá estos caminos; pues sólo una pequeña parte de lo asequible a lo largo de ellos logra conseguir él mismo. La cuestión se divide en éstas:

¿qué determinada ciencia intentaré llegar a dominar hasta el fondo como un especialista?
¿cuál de los grandes filósofos voy no sólo a leer sino a estudiar a fondo?
¿cómo voy a vivir?

     La respuesta sólo puede encontrarla cada uno por sí mismo. No puede fijarse como si fuese un contenido determinado, ni puede tener una precisión definitiva, ni venir desde fuera. Principalmente la juventud debe mantenerse en estado de posibilidad y ensayos.
    Por eso el consejo es éste: decidirse con resolución, pero tampoco esto al azar y capricho, sino con la gravedad propia de la continuidad en lo intentado que hace del trabajo sucesivo una construcción.

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