sábado, 3 de diciembre de 2011

Mamá, por qué hablamos...

Siempre tuve predilección por el idioma. No por aprender idiomas, en lo que soy malísimo, sino por entender por qué los seres humanos hablamos y en saber cómo funciona este instrumento. Son cosas que me pregunto desde que tengo uso de razón. A mi esposa le parece increíble que pueda recordar cosas que pasaron hace mucho tiempo en mi vida, ya que siempre le cuento anécdotas de mi infancia muy temprana, como las que me ocurrieron en el kínder, por ejemplo. Claro que muchas de ellas son resultado de oírlas contar a mi mamá una y otra vez; aunque, la última que le pregunté no pudo recordarla con mucha claridad. Yo tampoco recuerdo bien… bueno, lo que no recuerdo es la pregunta que le hice cuando era chico (la cual me encantaría saber), pero lo que sí recuerdo es su respuesta, me dijo: “Bueno, el idioma que hablamos se deriva de uno más antiguo que se llama latín, y del cual salieron otros idiomas como el francés y el italiano.” No recuerdo qué edad tenía pero creo que andaba por los seis o siete años. Ella dice que cree que le pregunté por qué hablamos.
            Muy a su manera, o a su entender, mi mamá siempre trataba de responder a mis preguntas, de las cuales recuerdo mejor las concernientes al lenguaje, que prácticamente son dos, la que ya mencioné y, esta sí la recuerdo perfectamente, la siguiente: le pregunté si existían idiomas en los que una palabra pudiera tener más de un acento. Ella dijo: “Sí (alargando la vocal con entonación ascendente), el maya tiene palabras con más de un acento.” Ignoro si mi mamá estaba entendiendo que yo preguntaba sobre el acento de intensidad, es decir, lo que hace prominente a una sílaba con respecto a otra. Obviamente yo no pensaba en estos términos en aquel entonces, pero sí tenía bien claro que el acento no era la tilde ortográfica sino una sílaba tónica dentro la palabra; incluso, sabía muy bien los tipos de palabra de acuerdo con su acentuación: las palabras agudas que llevan la sílaba tónica en la última sílaba, las graves o llanas que lo llevan en la penúltima sílaba y las esdrújulas en la antepenúltima. De ahí mi interés en saber si podían existir palabras con más de un acento. A la fecha entiendo que el español es una lengua típicamente acentual, en la que el acento de intensidad es contrastivo y que no todas las lenguas funcionan de esa manera. De hecho en el mismo español hay palabras con más de un acento, generalmente dos, uno primario y otro secundario; e incluso puede haber palabras con dos acentos primarios como, por ejemplo, las palabras futbol y beisbol tal como las pronunciamos en México pues comparadas con la pronunciación argentina, por ejemplo, en esa variedad más bien son palabras graves.
            Y qué ocurre con el maya. La respuesta de mi mamá me sorprendió bastante, y es probable que haya sido uno de tantos factores por los cuales decidí aprender ese idioma y más que nada a estudiarlo. Descubrí (no en el sentido científico) que el maya no es un idioma acentual como el español y que sus vocales tienen otros medios de distinción además de éste como son la longitud vocálica, el tono y el grado de vibración de las cuerdas vocales. Aún hoy día tratamos de averiguar cómo funciona el sistema acentual y su relación con los otros rasgos suprasegmentales, en especial con los de longitud y tonalidad. Sin embargo, agradezco mucho a mi mamá por su intención en tratar de resolverme estas dudas de la infancia, pues sus respuestas eran mejores a las clásicas “Búscalo en el diccionario” o “Áistá la enciclopedia” que solía responder mi papá y que del puro coraje ya mejor prefería quedarme con la duda.

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