domingo, 7 de abril de 2013

Problemas de la dialectología tradicional, respuestas de la sociolingüística variacionista


De acuerdo con Peter Trudgill (1983) en la dialectología tradicional un investigador de campo puede llegar a cometer errores; por un lado, por no conocer o no estar familiarizado con una variante, o bien, porque al conocerla muy bien o ser hablante de esa variante el investigador puede ya tener ideas preconcebidas sobre ella. Con respecto a esto, expone errores que él encuentra en el Atlas Lingüístico de Inglaterra que tienen que ver concernientes con la transcripción fonética: afirma que las mismas preconcepciones de los investigadores influencian lo que escuchan. Posteriormente expone una serie de ejemplos que tienen que ver con esta misma cuestión en los dialectos del inglés británico. Por lo tanto, Peter Trudgill afirma que la sociolingüística tendría un papel importante en los estudios dialectológicos y contribuyendo en los siguientes puntos (Trudgill 1983:41):


1) Alentar a los dialectólogos no solamente a usar grabadoras y espectrogramas sino también a confiar en estos instrumentos.

2) Los estudios piloto deben de conducirse en cada área bajo investigación y los estudios previos de la localidad deben de estudiarse y anotarse.

3) Siempre que sea posible los investigadores deben ser nativos del área o gente familiarizada con el dialecto local.

4) Debe ponerse mucha atención a la cuestión fonética en detalle.


Este investigador saca a relucir el tema de la selección de informantes; por un lado, expone que los dialectólogos arguyen que la selección de informantes rurales ancianos evita el problema de los niveles estilísticos y de la paradoja del observador, es decir, que los lingüistas quieren observar cómo habla la gente cuando no es observada; mientras que por otro lado, los sociolingüistas tienden a preocuparse mucho sobre la influencia que el observador y la grabadora pueden causar en el informante evitando así un estilo de habla vernacular. Asimismo, se plantea el problema de los cuestionarios los cuales buscan la información palabra por palabra, lo que entonces evita un estilo informal de habla en el cual aparecerían formas que no podrían aparecer en un estilo muy formal que es el de la elicitación. Concluye diciendo que la dialectología es de gran ayuda para la sociolingüística en tanto que la dialectología tiene mucho que aprender de la sociolingüística, en especial en los métodos de estudio.
Eugenio Coseriu (1985) explica que existen más que variedades espaciales, que son las variedades entre estratos socioculturales y diferencias en los distintos estilos de habla. De acuerdo con él existen tres tipos de sistemas de isoglosas: unidades sintópicas, unidades sintráticas y unidades sinfáticas. Dentro de cada unidad sintópica suelen haber diferencias diastráticas y diafáticas. En cada unidad sintrática habrá diferencias diatópicas y diafáticas, así como en cada unidad sinfática habrá también diferencias diatópicas y diastráticas.

Coseriu ejemplifica con los dialectos del español americano. Afirma que las diferencias diastráticas son únicamente de nivel y no son de dialecto como suele suceder en Europa. Esto es, que hay diferencias entre los distintos niveles sociales, lo que da lugar a mucha variación, pero también afirma que dentro de lo que él denomina la lengua “común” o “ejemplar” (lo que sería el estándar de un área particular) también presenta variación diatópica. Coseriu menciona que un error en la dialectología hispanoamericana tradicional ha sido comparar el español popular de América con el español ejemplar de España. Este autor propone que para establecer límites efectivos y proporcionar materiales diatópicamente comparables, la investigación dialectal de una región cualquiera debe realizarse, en cada punto considerado, en el mismo nivel y con respecto al mismo estilo de lengua. Coseriu advierte que de no hacerse de esa manera se correría el riesgo de interpretar como diatópicas diferencias que no lo son, o de ignorar otras diferencias, que en realidad serían diatópicas. Por ejemplo, en mi experiencia, un error común en gente que no es especialista e intenta hacer una descripción del español yucateco, a menudo incluye la s final en algunos verbos conjugados en pasado en la segunda persona del singular como en: dijistes, comistes, caistes etc. y no notan que esa es una variación diastrática de muchas variedades del español.

            Sin embargo, Yolanda Lastra y Pedro Martín Butragueño (2000) afirman que la sociolingüística hispanoamericana sigue las propuestas labovianas por el tratamiento de las clases sociales y que este criterio aplicado a las sociedades hispanoamericanas es problemático por varias razones: la estructura social no es continua, persisten vestigios de estructuras estamentales, la heterogeneidad de las clases medias, la segmentación en sectores tradicionales y modernos llega a los estratos superiores, la existencia de una gran masa de marginados, la presencia de un sistema de imposición cultural y opresión económica. El problema que estos autores plantean es cómo derivar una imagen de la innovación y la difusión lingüística a partir de la persistencia de estructuras tradicionales o al capitalismo periférico recibido en las delegaciones de la ciudad de México y la zona conurbada. Un criterio ellos toman para su estudio es el de modo de vida, el cual definen como “el conjunto de normas, variedades y mecanismos típicos de actividad vital de los hombres, tomada en su unidad con las condiciones que la determinan”. El modo de vida será entonces considerado como un factor sociolingüístico con el que se podrán discutir los mecanismos de innovación y difusión de los cambios lingüísticos y la imagen social de la variación, que como se mencionó antes, intentan estos autores estudiar en la ciudad de México. Los hablantes que son parte central del estudio son los migrantes. De acuerdo con esto se plantean dos modelos: el de consenso supone un continuo social a través del cual pueden deslizarse los individuos; y, el de conflicto, donde varios grupos sociolingüísticos se oponen entre sí con barreras entre ellos. Este último modelo es el que puede ajustarse a la situación de los migrantes en la ciudad de México, ya que los autores mencionan que los migrantes experimentan el conflicto entre sus valores tradicionales y los nuevos valores urbanos, además del contacto lingüístico y del contacto dialectal en la ejecución de los mecanismos del cambio lingüístico. Según ellos, para el caso específico de la ciudad de México se da más el modelo de conflicto, y no únicamente por las tradiciones de los migrantes que contrastan con los de la ciudad, sino también está la estigmatización que tiene el dialecto (y sobretodo el acento) en el resto de la República mexicana, puesto que siempre será común escuchar que entre migrantes se diga: “prefiero tener cualquier acento menos el de los chilangos”.

Es tal vez porque este dialecto va mostrando predominancia en los demás dialectos debido a los medios de comunicación; una prueba de esto es que casi cualquier habitante de México que no sea del DF ya puede reconocer cuando menos dos variedades del español chilango el de las clases altas, mejor conocido como “el acento de los fresas” y el de las clases populares cuyos mejores exponentes son los hablantes del barrio de Tepito.


Bibliografía

COSERIU, Eugenio. 1985 [1977]a. La geografía lingüística. El hombre y su lenguaje. Madrid: Editorial Gredos. 103-158.

LASTRA, Yolanda & Martín Butragueño, Pedro. 2000. El modo de vida como factor sociolingüístico en la ciudad de México. P. Martín Butragueño (ed.). Estructuras en contexto. Estudios de variación lingüística. Mexico: El Colegio de México. 13-43.

TRUDGILL, Peter. 1983. On dialect. Social and Geographical Perspectives. Oxford: Basil Blackwell.

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